Por José Solís Mayén
A simple vista La Yuma es una película más sobre el poder regenerativo del deporte. Sin embargo, su ejecución y estructura revelan que tiene mucho más en común con el movimiento neorrealista que con Rocky.
Dirigida y co-escrita por Florence Jaugey, la cinta se desarrolla en la ciudad de Managua donde conocemos a Yuma (Alma Blanco), una chica pobre con un gran espíritu de superación. Su vida familiar está regida por la indiferencia de su madre (Sobeyda Téllez) y el abuso de su padrastro. Sus amigos más cercanos son los integrantes de una pandilla y un travesti que se prostituye por las noches. El único escape de Yuma es su entrenamiento de boxeo; a pesar que por hacerlo se convierte en el hazmerreír de su vecindario porque todos saben que “las mujeres no boxean”.
Sin la rigidez de una estructura narrativa predeterminada, La Yuma es un estudio de personaje hecho de una forma impresionista. Es por esto que a pesar que pensamos saber hacia dónde se dirige la historia, constantemente nos vemos sorprendidos por la forma refrescante en que se desarrolla. Un perfecto ejemplo de esto es el prólogo, donde vemos un partido de baseball entre una pandilla y la policía. A pesar que no se presenta ninguno de los personajes principales y este evento parece no tener relevancia con lo que sucede después, la directora ha logrado establecer un mood con gran economía y eficiencia.De igual forma vemos situaciones que en sí mismas podrían hacer una película, que Jaguey decide tratar de forma casual pero respetuosa. De esta forma, issues como el problema de las maras, el abuso infantil, los problemas de tolerancia entre nicaragüenses y costarricenses y la pobreza son parte de la vida de estos personajes, pero no son lo que los define.
Gran parte del éxito de la película se debe a la actuación de Blanco quien, en su debut cinematográfico, nos entrega uno de los personajes más icónicos del naciente cine centroamericano. Yuma es una joven malhablada, grosera y violenta pero Blanco hábilmente logra que todo esto se sienta natural. Uno nunca descubre a la actriz “actuando”, simplemente vemos el personaje. Es curioso que a pesar de que vemos la agresividad de Yuma, el personaje logra seducirnos ejerciendo una especie de encanto animal. Es quizás esta dicotomía entre lo terrenal y lo mágico que hace de Yuma alguien tan fascinante.
Uno de los temas centrales de la película es el cuestionamiento sobre la habilidad de los seres humanos de construir su propio destino. Vemos, por ejemplo, como Yuma logra establecer una relación romántica con un muchacho universitario (Gabriel Benavides) solo con proponérselo. Al principio esto nos lleva a afirmar que Yuma está elaborando su camino, pero ¿qué tanto de esto está determinado por las situaciones que la rodean? ¿Qué puede hacer Yuma con los elementos que no puede controlar? Estas preguntas llevan a que la audiencia se debata entre una cruda realidad social y algo muy parecido a lo metafísico. Lo cierto es que para Yuma estos quizás ni siquiera son “problemas”; en una vida tan complicada y en ocasiones terriblemente conmovedora, esta mujer simplemente no tiene tiempo de sentarse en sus laureles y tener dramas existenciales. Es curioso como en muchas escenas la cámara se sitúa detrás de Yuma, como queriéndola alcanzar, quizás porque sabe que para ella la vida es lo que sucede mientras los demás esperamos que pase.









2 comments:
Ke buena se ve, donde la estan dando?
Ke buena se ve, donde la estan dando?
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